A la hora que me pidieran que escribiera mi testimonio de cómo llegué al Introductorio San José y cómo fue mi experiencia durante este primer semestre, estaba arrancando a leer una novela de Santo Tomás de Aquino, de la cual voy a valerme para contarles.

Si no sabés hacia donde caminar, si no entendés porqué hacés lo que hacés, si no encontrás el sentido… ¿Le podés pedir a Dios una explicación, se le puede hacer preguntas? Claro que se puede, y en la oración es el mejor lugar; desde Caín hasta los apóstoles le hicieron preguntas a Dios; pero lo que hay que procurar es que las preguntas sean correctas y hechas con buena intención, no como lo hacían algunos fariseos… Y Dios, ¿responde? Si la pregunta es correcta, sí. ¿Y cómo estás seguro que es Dios el que responde? Si creemos que todo lo bueno procede de Dios, y cuando preguntamos lo hacemos con humildad y para buscar agradar y servir a Dios, debe ser algo bueno lo que preguntamos. Y si es bueno, tiene que proceder de Dios como fuente de todo lo bueno. Por lo tanto, ¿cómo Dios, que nos inspira una buena pregunta, no va a contestarla?

Después de haberme recibido, haber conseguido un buen trabajo, vivir solo y no encontrar en esas cosas el rumbo por el cual se cubriera el anhelo más profundo de mí ser, la pregunta que le hice fue: ¿Qué querés Señor de mí? Dejé por un segundo el talante de fariseo y pregunté con el espíritu del publicano del templo, solté la rienda de mi vida para que la agarrara Dios. Es una pregunta a la que pude ponerle palabras y de la que tengo escuchada una incipiente respuesta… que quiere que esté más cerca de Él, que le consagre mi vida.

Durante estos meses transcurridos descubrí, que como pregunta inspirada por Dios en mi corazón, ya la viene respondiendo desde hace tiempo a través de mi historia; y que en la profundización de la oración y del discernimiento del llamado, continúa respondiéndome haciéndome crecer la cabeza y el corazón para que comprenda mejor sus respuestas.

Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abrirá” (Mt. 7, 7-8)

Juan Patricio