Mi nombre es Francisco, tengo 19 años y este es mi testimonio:

Una noche en un retiro mientras estaba el Santísimo expuesto, me surgió la pregunta de porqué no seguir y servir a Dios y al hermano a través del sacerdocio. Esta inquietud me generó miedo, me costaba mucho hacerme cargo de este llamado y buscar la respuesta. Pasaron días, semanas y la pregunta seguía interpelándome muy profundamente, no me la podía sacar de la cabeza pero, sobre todo, de lo más profundo del corazón.  Entonces un día junté valor y le llevé mi inquietud a un sacerdote conocido con el que me solía confesar y empecé un camino de discernimiento.

Repasando mi historia veo que mi vocación no surge ahí, en esa adoración, sino que se fue construyendo desde mucho tiempo antes. Desde chico en casa me inculcaron la fe, que mantuve y fue creciendo durante mi niñez. Durante algunos años del secundario mi relación con Jesús fue debilitándose, pero a partir de algunos retiros, amigos y las misiones, mi vínculo de amistad con Jesús empezó a fortalecerse.

En mis primeras misiones fui descubriendo que mi vocación en la vida era estar al servicio del hermano más necesitado y así poder servir a Dios. Podría decir que la vocación sacerdotal vino a responder a esta inquietud.

Una vez que me hice cargo de este llamado, seguía sintiendo mucho miedo, pero con el paso del tiempo Dios me fue mostrando distintos signos para indicarme que este era mi camino. A pesar de ello mi miedo persistía, hasta que un día en la fiesta de la Virgen de Huachana en Santiago del Estero, sentí que María me decía que no tuviera miedo, que ella me cubría y protegía con su manto. Así fue como, sostenido por María y mirando la grandeza y amor de Jesús, pude responder que sí al llamado de la vocación sacerdotal que me hace feliz.